La infertilidad es más común de lo que creemos, tanto en mujeres como en hombres. Y en ocasiones sucede que existen dificultades reproductivas para ambos miembros de la pareja que impiden usar sus propios óvulos y semen. En estos casos podemos contar con tratamientos de doble donación, donde tanto el óvulo como el semen provienen de donantes.
Esta modalidad suele plantear a los futuros padres algunas sobre la selección de los donantes, la genética del futuro bebé o su semejanza con los progenitores. Vamos a resolverlas, pero antes de empezar, tened clara una cosa: que nuestro hijo no lleve nuestro ADN no lo hace menos nuestro, ni implica que nuestra maternidad vaya a ser distinta.
Selección de donantes
El proceso de selección se lleva a cabo de manera exhaustiva por un equipo multidisciplinar de médicos y enfermeras, garantizando que ambos cumplan requisitos rigurosos que aseguren la salud y calidad genético que aportarán al futuro embrión. También se tienen en cuenta aspectos fisionómicos.
- Edad y salud: Se busca que tanto se encuentren en un rango óptimo de edad y gocen de una excelente salud física y mental. En el caso de los óvulos, las donantes tienen menos de 30 años.
- Historial médico y genético: Se descartan antecedentes de anomalías genéticas, problemas metabólicos o predisposiciones a enfermedades hereditarias. Se realizan pruebas y análisis especializados, incluyendo un test de compatibilidad genético entre ambos donantes que descarta decenas de miles de mutaciones, lo que minimiza el riesgo de transmitir alteraciones al futuro bebé.
- Semejanza física: Tomamos en cuenta las características físicas de los futuros papás para seleccionar donantes que los compartan: altura, peso, color de ojos, color y textura de pelo, color y tipo de la piel. Consideramos los rasgos faciales y corporales para que se ajusten al máximo. También se asigna un grupo sanguíneo compatible para que el del recién nacido resulte de la combinación de los de sus futuros padres.
El entorno y la epigenética
En la selección de donantes la educación, nivel intelectual y formativo, creencias o intereses no se consideran factores determinantes. Serán la crianza, la educación y las interacciones con su círculo social las que influyan en esas características del niño.
Porque seréis vosotros los que configuréis y condicionéis la mayor parte de características principales de vuestro hijo. Es lo que se conoce como epigenética: aunque la secuencia del ADN proviene de los donantes, factores externos y ambientales durante el tratamiento y la crianza influyen en la expresión de esos genes. La nutrición, la actividad y el entorno emocional pueden modificar su comportamiento genético sin alterar la estructura del ADN, modulando características esenciales.
Y aquí viene algo importante: el vínculo materno filial será trascendental. Porque, además, la experiencia nos dice que muchas familias formadas por doble donación se han sorprendido por experimentar una fortísimo e inigualable relación emocional y afectiva con sus hijos.

