El equilibrio hormonal es fundamental para lograr (y mantener) un embarazo. Aunque muchas veces hablamos de ovocitos, reserva ovárica o calidad embrionaria, tras esos procesos hay un conjunto de hormonas trabajando en equipo. Si estás buscando quedarte embarazada, ya sea de forma natural o con ayuda de un tratamiento de reproducción, conocerlas te puede ayudar a entender mejor tu cuerpo.
Hormona Antimulleriana (AMH): el marcador de tu reserva ovárica
Su función no está directamente ligada al ciclo ovulatorio o al embarazo en curso, pero es muy relevante en los estudios de fertilidad. La producen los pequeños folículos que aún no han empezado a madurar en los ovarios. Sus niveles no varían a lo largo del ciclo menstrual, por eso se utiliza como un indicador muy fiable de la reserva ovárica: la cantidad de óvulos que quedan en tus ovarios.
Un nivel alto de AMH indica buena reserva ovárica, mientras que un valor bajo puede ser señal de que empieza a disminuir, lo cual puede dificultar el embarazo, sobre todo a partir de los 35 años.
FSH (Hormona Folículo Estimulante): la que da el pistoletazo de salida
Se libera desde la hipófisis (en el cerebro) al principio del ciclo menstrual. Su misión es estimular el crecimiento de los folículos en los ovarios, que son los que contienen los óvulos. Un nivel adecuado de FSH es clave para que se desarrolle un folículo dominante y, con él, la ovulación.
LH (Hormona Luteinizante): la que provoca la ovulación
También se produce en la hipófisis. Su pico alrededor de la mitad del ciclo menstrual es lo que desencadena la ovulación: la liberación del óvulo maduro desde el ovario hacia la trompa de Falopio.
Los test de ovulación caseros miden el aumento de LH. También se controla durante los tratamientos de reproducción asistida para programar la punción ovárica o la inseminación.

Estradiol: la hormona del desarrollo folicular
Es un tipo de estrógeno que producen los folículos a medida que crecen. Su aumento ayuda a que el endometrio (la capa interna del útero) engrose y esté preparado para recibir al embrión.
Progesterona: la encargada de mantener el embarazo
Después de la ovulación, el cuerpo lúteo (lo que queda del folículo que liberó el óvulo) produce progesterona. Esta hormona transforma el endometrio para que sea receptivo y favorece la implantación del embrión. Niveles bajos de progesterona pueden dificultarla o favorecer abortos tempranos. En la mayoría de tratamientos, se suplementa la progesterona para asegurar su función.
HCG (Gonadotropina Coriónica Humana): la que confirma que estás embarazada
Si el embrión se implanta con éxito, comienza a producir HCG. Esta hormona es la que detectan los test de embarazo y la que mantiene al cuerpo lúteo funcionando, para que siga produciendo progesterona.
Sus niveles se controlan en los primeros días tras la transferencia embrionaria o la inseminación para confirmar si el embarazo está evolucionando correctamente.
Prolactina y TSH: las que también hay que vigilar
Aunque no están directamente ligadas al ciclo ovárico, tanto la prolactina (relacionada con la lactancia) como la TSH (hormona tiroidea) pueden influir en la fertilidad. Valores alterados pueden interferir en la ovulación o el desarrollo embrionario.
En IGIN analizamos en profundidad tu perfil hormonal para entender qué está ocurriendo en tu cuerpo y diseñar el tratamiento más adecuado para ti. Porque cada mujer tiene un equilibrio hormonal distinto y único.
Si estás pensando en quedarte embarazada y quieres saber si tus hormonas están en equilibrio, puedes venir a una primera consulta gratis y sin compromiso. Estaremos encantados de acompañarte desde el primer paso.

