Llegar a la ovodonación no siempre es una decisión inmediata. Para muchas mujeres, antes de plantearla ha habido meses o años de búsqueda, pruebas, tratamientos, esperas, ilusiones y resultados que no llegaron como se esperaba.
Por eso, cuando el equipo médico explica que las posibilidades con óvulos propios son muy bajas, la reacción no suele ser únicamente racional. Aunque la ovodonación pueda ofrecer una oportunidad real de embarazo, aceptar ese cambio de camino puede remover muchas emociones. Implica despedirse de una idea muy íntima: la de tener un hijo con los propios óvulos.
Cuando la ovodonación no es el plan inicial
Muchas pacientes llegan a la ovodonación después de diagnósticos como baja reserva ovárica, baja respuesta ovárica, edad materna avanzada, fallos repetidos en FIV o embriones que no evolucionan como se esperaba incluso después de varios tratamientos con Diagnóstico Genético Preimplantacional.
En ese contexto, es frecuente que aparezca una primera reacción de rechazo: “todavía puedo intentarlo una vez más”, “quizá con otro protocolo funcione”, “no estoy preparada para renunciar a mis óvulos”.
Esa fase es comprensible. La ovodonación puede sentirse al principio como una puerta que se abre, pero también como otra que se cierra. Ambas sensaciones pueden convivir durante un tiempo.
Las dudas más frecuentes antes de decidir
En ese primer momento en el que, como paciente, se está intentando aceptar la ovodonación, es normal que surjan preguntas: “¿Lo sentiré como mío?”, “¿Me acordaré siempre de que no tiene mis genes?”, “¿Se parecerá a mí?”, “¿Y si en el futuro me pesa?”, “¿Tendré que explicárselo llegado el momento?”.
Dudas habituales que oímos con frecuencia en consulta y que no implican que la paciente no quiera ser madre ni que su decisión sea incorrecta. Simplemente, que está haciéndose a esta nueva vía para lograr el tan deseado embarazo.
La genética importa no lo es todo
En ovodonación, el bebé no procede genéticamente de los óvulos de la paciente. Una realidad que debe aceptarse con honestidad pero que también requiere ponerla en su sitio. Y es que la maternidad no se reduce al ADN. Existe la epigenética. Y también se construye a través del deseo, la decisión de iniciar el tratamiento, la gestación, el parto, el cuidado, la crianza y una vida compartida.
Durante el embarazo, el cuerpo de la mamá mantiene el desarrollo del bebé, lo nutre y participa en todo el proceso gestacional. Después, el parto. Y desde entonces, el vínculo se sigue construyendo en lo cotidiano: en la presencia, el cuidado, el contacto, las rutinas y el amor. Lo que suele pasar es que la ovodonación deja pronto de ocupar un lugar importante en la experiencia de la maternidad.
Aceptar la ovodonación
No obstante, aceptar la ovodonación no suele ocurrir de un día para otro. A veces hay una etapa de negación, otra de tristeza, otra de comparación con otras mujeres o con el embarazo que la paciente había imaginado.
También puede aparecer culpa por sentirse mal ante una opción que, al mismo tiempo, ofrece esperanza. O miedo a verbalizar dudas por temor a parecer menos convencida. Nada de eso invalida el deseo de ser madre.
El proceso puede ir cambiando cuando la paciente entiende mejor el tratamiento, resuelve sus preguntas, conoce cómo se selecciona la donante y siente que la decisión nace como el camino natural hacia la maternidad, una elección que hacen muchísimas más mujeres que las que creemos.
Hablarlo antes de empezar ayuda
Antes de iniciar una ovodonación, es recomendable poder hablar de todo esto en consulta. No solo de tasas, medicación o calendario, sino también de cómo se vive la decisión. Algunas pacientes necesitan tiempo. Otras necesitan información. Otras necesitan escuchar que sus dudas son normales.
Si te encuentras en esta situación, no tengas ningún reparo en trasladar a tu médico todas estas inseguridades o cuestiones. Parte de la medicina reproductiva consiste en saber atender la parte emocional de los tratamientos.
Y ten siempre claro que el vínculo con un hijo se construye en el embarazo (e incluso antes, durante el tiempo que soñamos con llegar a él y darle nuestro amor), en el nacimiento, en los cuidados y en todos los días que vienen después.

