Antes de una transferencia embrionaria, no basta con tener un embrión preparado. También es necesario que el endometrio, la capa interna del útero, se encuentre en condiciones adecuadas para favorecer la implantación.
La preparación endometrial es una parte fundamental en gran parte de los tratamientos de reproducción asistida, especialmente en una FIV-ICSI, una transferencia de embriones vitrificados, una ovodonación, una doble donación o un tratamiento en el que se decide aplazar la transferencia a un ciclo posterior.
El objetivo es conseguir que el endometrio tenga el grosor, el aspecto y el entorno hormonal adecuados en el momento en el que el embrión llega al útero.
Qué se valora antes de la transferencia
Durante la preparación, el equipo médico controla principalmente tres aspectos: el grosor endometrial, el patrón del endometrio y los niveles hormonales.
El grosor se mide mediante ecografía. Aunque no existe una cifra única válida para todas las pacientes, un endometrio demasiado fino puede hacer que se retrase o se cancele la transferencia si el equipo considera que las condiciones no son adecuadas.
También se observa el aspecto del endometrio. En determinados momentos del ciclo, se busca una imagen trilaminar, que indica que el endometrio está respondiendo al estímulo hormonal.
Además, suelen realizarse controles hormonales para valorar niveles como estradiol, progesterona, LH o FSH. En IGIN, estos controles hormonales pretransferencia ayudan a ajustar el tratamiento y a confirmar que el momento elegido para la transferencia es el adecuado.
Ciclo natural o ciclo sustituido
La preparación del endometrio puede hacerse de dos formas principales: en ciclo natural (fresco) o en ciclo diferido (sustituido).
En el ciclo natural se aprovecha la ovulación de la propia paciente. Se controla el crecimiento folicular y el momento ovulatorio mediante ecografías y, si es necesario, analíticas hormonales. Después, se programa la transferencia teniendo en cuenta la edad del embrión y los días de exposición a progesterona.
En el ciclo sustituido, el endometrio se prepara con medicación hormonal. Habitualmente se administran estrógenos para estimular el crecimiento endometrial y progesterona para transformar el endometrio y hacerlo receptivo. Esta opción permite controlar mejor los tiempos y se utiliza con frecuencia en transferencias de embriones vitrificados, ovodonación o cuando no hay ciclo ovulatorio regular. Su incidencia es cada vez mayor, ya que las clínicas solemos optar por éste ciclo para controlar mejor todos los factores.
Ninguna de las dos opciones es “mejor” para todas las pacientes. La elección depende de la edad, la regularidad de los ciclos, los antecedentes, la comodidad de planificación y la valoración médica.
La progesterona
La progesterona tiene un papel clave en la preparación endometrial. Después de la ovulación, esta hormona transforma el endometrio para que pueda recibir al embrión. En reproducción asistida, se administra de forma controlada para sincronizar el endometrio con el momento de la transferencia.
Esta sincronía es especialmente importante cuando se transfieren embriones en estadio de blastocisto, porque el endometrio debe estar preparado en una ventana temporal muy específica.
Cuándo se puede retrasar la transferencia
Si el endometrio no alcanza las condiciones adecuadas, si los niveles hormonales no son los esperados o si existe algún factor que pueda comprometer el resultado, la transferencia puede aplazarse. En estos casos se realiza una transferencia embrionaria en diferido. Los embriones se vitrifican y se transfieren más adelante, en un ciclo en el que el endometrio esté mejor preparado.
Aplazar la transferencia no es una mala noticia por sí misma, a pesar de que a la paciente le pueda suponer cierta frustración por el tiempo extra que debe esperar. En muchos casos permite elegir un momento más favorable y evitar transferir un embrión cuando el entorno uterino no parece adecuado.
En algunas pacientes, la preparación endometrial requiere una valoración más específica. Puede ocurrir en casos de endometrio fino, fallos de implantación, abortos de repetición, sospecha de endometritis crónica o alteraciones del microbioma endometrial. En estos casos pueden plantearse pruebas o técnicas complementarias, como el test de microbioma endometrial o el PRP endometrial, siempre que exista una indicación médica.
Así que, recuerda: la preparación endometrial requiere tiempo, controles y decisiones ajustadas a cada paciente. No se trata de llegar cuanto antes a la transferencia, sino de llegar en las mejores condiciones posibles. A veces el camino implica esperar unos días más, cambiar la pauta o aplazar el ciclo. Aunque pueda requerir una dosis extra de paciencia, esa decisión puede formar parte de una estrategia más segura y personalizada.

