Cuando los embriones no llegan a blastocisto

En reproducción asistida, uno de los momentos más delicados del laboratorio es observar cómo un embrión progresa desde la fecundación hasta el estadio de blastocisto (habitualmente, los días 5 ó 6 de desarrollo). No todos lo consiguen. Algunos detienen su evolución antes de llegar a blastocisto, lo que en lenguaje clínico se suele describir como bloqueo del desarrollo embrionario.

Qué es un blastocisto y por qué es importante

Tras la fecundación, el embrión pasa por varias etapas: cigoto (1 célula), 2 células, 4 células, 8 células, mórula y blastocisto. El blastocisto ya presenta una organización celular más compleja, con una masa celular interna (futuro bebé) y un trofoectodermo (futura placenta). Alcanzar esta fase no garantiza el embarazo, pero sí indica que el embrión ha superado varias etapas críticas del desarrollo temprano. Por eso en muchas clínicas, como IGIN, se opta por llevar los embriones a esta fase para su transferencia.

No obstante, muchos embriones dejan de desarrollarse antes de blastocisto porque el propio proceso embrionario funciona como un mecanismo de selección biológica: los embriones con alteraciones importantes tienen menos capacidad para continuar su desarrollo.

La causa más frecuente: alteraciones cromosómicas

La explicación más habitual es que el embrión presente aneuploidías (número incorrecto de cromosomas) u otras alteraciones genéticas relevantes. Estas anomalías pueden originarse en el óvulo, en el espermatozoide o durante las primeras divisiones embrionarias.

El riesgo de aneuploidía aumenta con la edad materna, aunque puede aparecer a cualquier edad. En muchos casos, el embrión inicia el desarrollo con normalidad y se detiene precisamente cuando necesita activar correctamente su programa genético para seguir evolucionando.

Que un embrión no llegue a blastocisto suele deberse, en la mayoría de los casos, a limitaciones biológicas del propio embrión, especialmente alteraciones cromosómicas o problemas de competencia embrionaria. Normalmente, solemos descartar problemas de laboratorio o de las condiciones de cultivo, puesto que las clínicas suelen tener muy controlado este aspecto (por ejemplo, en IGIN contamos con incubadores de última generación Embryoscope+).

El Diagnóstico Genético Preimplantacional como solución

Así, cuando de forma repetida los embriones no alcanzan el estadio de blastocisto o presentan una interrupción del desarrollo, se suele recomendar el Diagnóstico Genético Preimplantacional (DGP). Permite analizar los embriones antes de su transferencia para detectar posibles alteraciones cromosómicas, que son una de las causas más frecuentes de bloqueo embrionario. Esto no solo ayuda a identificar embriones con mayor potencial de desarrollo y embarazo, sino también a evitar transferencias de embriones que no serían viables.

No en todos los casos es necesario, pero en determinados perfiles (especialmente cuando hay fallos repetidos de desarrollo embrionario, edad materna avanzada o sospecha de factor genético) suele ser una herramienta recomendada dentro del abordaje personalizado del tratamiento.